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Río Najerilla

El Camino de Santiago en La Rioja: Etapa 4; Nájera

 

Una vez que abandonamos la población de Ventosa y junto a una Bodega, un camino de tierra nos guía hacia el alto de San Antón en corta y fácil subida camino de Nájera.

Desde esta atalaya la vista se despeja y nos muestra el valle del Najerilla, terreno arcilloso cubierto, como no, de viñas dispuestas en terrazas separadas de monte bajo. La panorámica también descubre Nájera, aparentemente cercana pero realmente distante.

Se baja hasta el paso que salva la N-120 y y se continúa hacia el Poyo de Roldán, enclave donde tuvo lugar el legendario combate entre Roldán y el gigante Ferragut. También nos sale al paso un guardaviñas, construcción circular que servía de refugio a los agricultores y utilizado por los guardas de campo para custodiar las cosechas.

Nájera sigue sin presentarse y tras una fábrica de áridos cruzamos el río Yalde por un pequeño puente de madera y hormigón. Nos alejamos de su cauce y tras kilómetro y medio finalmente, ahora sí, cruzamos la N-120 con mucha precaución, para entrar en la ciudad de Nájera.

Pasamos junto al Polideportivo y continuamos por las Avenidas de Logroño y San Fernando hasta el Puente sobre el río Najerilla. Tras cruzarlo hay que torcer a la izquierda y avanzar por el paseo paralelo al río hasta el centro de la población.

Nájera fue en el periodo comprendido entre los años 918 y 1076, el centro político más importante de la Reconquista. Fue la sede del Reino de Pamplona-Nájera.

Visita obligada será el Monasterio de Santa María la Real, donde están enterrados muchos reyes y nobles vinculados a aquella dinastía.

Impresionante es el complejo rupestre que se levanta en las faldas de los montes que protegen Nájera. Son cuevas artificiales que tendrán su origen en aquellos siglos oscuros en los que las invasiones celtas crearon un clima de inseguridad para sus habitantes.

El Camino de Santiago abandona Nájera por la calle Costanilla en dirección a Azofra.

 

Conocer La Rioja. Valle del Alto Ebro

La altitud y la pendiente son las dos características que sirven para diferenciar las comarcas riojana y se toma el Ebro como límite y referencia. Así se habla de las Sierras riojanas para delimitar las tierras situadas en la zona montañosa sobre las estribaciones del Sistema Ibérico.

La zona más llana la constituye el pasillo del río Ebro y las cuencas bajas de los ríos que en él desembocan. En este territorio se ubica La Rioja Alta como comarca emplazada en la cuenca alta del río Ebro.

El vino ha sido el motor de la actividad agrícola e industrial de toda la comarca riojalteña. La sustitución de los terrenos de cereal por viñedos y el incremento de la producción se une a los problemas de la viña fuera de España, lo que proporcionó a la zona un gran esplendor ya iniciado el siglo XVIII.

La Rioja Alta es tierra de viñas y de patrimonio reflejo de una historia importante, frontera histórica con Navarra, pasillo hacia el País Vasco y territorio con carácter riojano a ambos lados del río Ebro. Su visita en otoño prestará al visitante el esplendor de los ocres y las tonalidades características de la vendimia y con la llegada de la primavera, el verde de las viñas resalta con los colores del terreno y con la textura de las construcciones de sillería.

La margen derecha del Ebro está ocupada por una serie de localidades de larga historia y noble construcción que configuran una de las comarcas más populares de La Rioja.

A su importante patrimonio histórico artístico se le suma la presencia de un producto emblemático de esta tierra: el vino. El vino y la viña son eje económico e industrial de la comarca que conserva algunas de las más antiguas y conocidas bodegas riojana. Pero aquí el vino es algo más que un producto, es la expresión vital y cultural de todo un pueblo. Así estas tierras llanas nos ofrecen sus superficies de viñedos en magníficos paisajes cambiantes de color y vida durante el ciclo anual, apoyados sobre el río que nos brinda sus sotos, riberas y meandros para el paseo, el descanso o la degustación de un buen caldo.

HARO

Haro se sitúa junto a la carretera nacional N-232 de Logroño a Vitoria. Es un importante nudo de comunicaciones que, además de disponer de Estación de Ferrocarril, es centro de una red de carreteras que permiten el fácil y cómodo acceso a La Rioja Alta, cuencas del Oja y Tirón y Sonsierra.

La capital riojalteña es Haro y ha sido el centro de la actividad vitivinícola desde hace siglos. El papel de esta ciudad en el desarrollo de la zona e incluso de las comarcas vecinas es innegable. Su fama de pueblo desarrollado e innovador se la ganó ya el siglo pasado a partir de la construcción del ferrocarril, la instalación de la electricidad y la radicación de empresas y bodegas relacionadas con el vino.

Esta villa se situaba en la cima de una colina junto a la desembocadura del río Tirón, extendiéndose posteriormente por sus laderas. Su parte vieja rodea la parroquia de Santo Tomás y conserva interesantes edificios. El esplendor de la ciudad en el siglo XVIII se observa en muchas construcciones levantadas en piedra de sillería, algunos palacios repiten un modelo característico de la zona alta de La Rioja.

Dentro de su patrimonio religioso merece la atención la iglesia parroquial de Santo Tomás y la Basílica de Nuestra Señora de la Vega. En toda la ciudad se encuentran edificios barrocos construidos en sillería de piedra arenisca. Como conjunto arquitectónico sobresale en el centro de la villa el ex convento de San Agustín, hoy convertido en un acogedor hotel, y que fue construido en el siglo XVII. La plaza de la Paz es el centro del lugar y corazón de la villa. Su quiosco recuerda se pasado festivo. El Ayuntamiento se abre a esta plaza con su fachada de dos plantas con soportales, construido en 1775. Las galerías domésticas dan un curioso aspecto a las calles jarreras, recordando ciudades norteñas y costeras.

Un paseo por la ciudad nos muestra su pasado de canteros venidos de otras tierras en las épocas del esplendor vitivinícola. A mediados del siglo pasado Haro asumió el papel preponderante en dicho sector. En Francia la presencia de la filoxera destruyó los viñedos y los vinateros bordeleses se vieron obligados a adquirir el vino en tierras riojanas. Más tarde construyeron sus propias bodegas y le dieron un gran esplendor a la localidad. Bodegas, viviendas y establecimientos comerciales prestigian a una ciudad que presume de su instalación eléctrica novedosa a finales del siglo pasado.

A partir de ese desarrollo la ciudad crece y se especializa en los temas vitivinícolas. A finales del siglo XIX se crea la Estación Enológica que desde entonces orienta y apoya a los viticultores de La Rioja. El barrio de la Estación se incrementa en esa época por la instalación del ferrocarril y la implantación de diversas bodegas con una interesante arquitectura característica de ese quehacer enológico.

En el centro de la villa, en su parte más antigua, se conservan las antiguas bodegas en el subsuelo de las propias viviendas. Esta zona de la ciudad se conoce con el nombre de La Herradura y en ella se concentran bares y restaurantes y es el entorno apropiado para el chiquiteo o degustación de vino recorriendo los locales.

Los restaurantes de Haro tienen una gran fama y reflejan el prestigio de la cocina doméstica riojana con una oferta gastronómica muy variada y a la vez muy completa. A esto se acompaña la posibilidad de adquirir los productos tradicionales riojanos en las tiendas especializadas que existen en ese lugar.

Haro, como capital del vino ha fomentado las artesanías relacionadas con los caldos que produce. Así, con la madera de roble, los toneleros jarreros hacen duelas que unidas y mantenidas por cellos metálicos forman las barricas que guardarán el vino y le darán ese sabor especial.

Las bodegas jarreras de más solera utilizan un taller de tonelería para construir las barricas adecuadas al vino de cada firma. Su labor artesanal le da a los caldos el toque personal y diferente, que surge de los labradores en la viña y termina con los toneleros en su taller.

Otra forma de mantener y transportar el vino es por medio de otro producto artesano. Los curtidores eran abundantes en la comarca y preparaban las pieles del ganado cabrío para que una vez tratadas, cosidas y llenas de pez guardaran los vinos de la comarca. Los pellejos de cabrío servían para transportar el vino y las botas de pequeño tamaño se utilizan aún hoy para el consumo personal, proporcionándole al vino un gusto a la pez que recubre e impermeabiliza la piel. En Haro hay un taller de botería que mantiene la tradición artesana de coser pieles para guardar el vino.

Haro ofrece al visitante sus fiestas patronales, una de ellas centrada alrededor del vino; cada 29 de Junio se dan cita los jarreros y foráneos en los alrededores de los riscos de Bilibio y, después de la misa en la ermita de San Felices, comienza la Batalla del Vino en la cual los visitantes se arrojan entre sí miles de litros de vino. Las fiestas de Septiembre tienen un momento destacable en el Rosario de los Faroles que sale de la Basílica de la Virgen de la Vega y recorre la ciudad. San Felices y San Pedro en Junio y la Virgen de la Vega en Septiembre son los dos momentos recomendados para una visita a la capital de La Rioja Alta. La época de la vendimia es también grata para un recorrido por la comarca visitando Bodegas y viñedos.

Los alrededores de Haro, en las riberas de los ríos Tirón y Ebro, son zonas de interés paisajístico tanto por sus choperas como por el conjunto fluvial con flora y fauna peculiar. Merece la pena visitar Las Conchas de Haro, formación geológica que forma el límite regional con tierras burgalesas y alavesas, y por donde el Ebro penetra en La Rioja.

GIMILEO

Siguiendo el curso del Ebro la vía de comunicación paralela al rio nos lleva a Gimileo, pueblo de dedicación agrícola. Su iglesia parroquial está bajo la advocación de San Martín y es una construcción en sillería levantada en el siglo XVI. Su arquitectura tradicional nos presenta a la piedra arenisca como elemento constructivo más importante, como lo es también el resto de La Rioja Alta.

OLLAURI

Separándonos de la carretera siguiendo el curso del rio Zamaca se encuentra Ollauri localidad famosa por sus bodegas. El lugar fue, como otros de la comarca, aldea de Briones hasta el siglo XVIII en que alcanzó la independencia como municipio.

Su conjunto urbano es uno de los más bellos de la región y en sus calles destacan los palacios en piedra de sillería con dos plantas. En sus fachas lucen los balcones con huecos de gran tamaño y los escudos nobiliarios decoran estos bellos edificios. La iglesia parroquial utiliza los mismos materiales pétreos que el resto de las construcciones y se construyó en la segunda mitad del siglo XVI concluyendo su torre y anexos un siglo más tarde. En su interior el retablo barroco nos muestra la época de esplendor de la comarca gracias al vino y a los cereales. Un recorrido por las calles de este pueblo nos explicará la importancia de esa época en el devenir de la región.

Sobre el pueblo y aprovechando el desnivel de la ladera surgen las tuferas o chimeneas de ventilación de las bodegas que se encuentran en el subsuelo. Algunas de estas construcciones se remontan a la Edad Media y constituyen un importante patrimonio arquitectónico. Otras tienen un pasado centenario y mantienen la calidad de los caldos gracias a su temperatura constante y su permanente nivel de humedad. La jurisdicción de Ollauri es reducida y de dedicación agrícola dando frutos de calidad, en especial sus vinos tintos. Su fama ha hecho que en el pueblo se hayan instalado varias e importantes bodegas.

RODEZNO

Rodezno se encuentra a escasos kilómetros y tiene una dedicación similar. Su iglesia parroquial es una edificación de sillería construida en el siglo XVI que se halla bajo la advocación de la Asunción de la Virgen. Fuera de la población se sitúa la ermita de la Virgen de Olartia y se acude en romería el domingo siguiente a la Ascensión. En esta fiesta se reparte una cantidad de vino, queso y pan. Rodezno tiene una pequeña aldea, Cuzcurritilla, en la que destaca la imponente iglesia de San Martín, construida en el siglo XVI.

El río Ebro, aguas abajo de Haro hace unos curiosos meandros y separa de La Rioja una comarca muy querida: la Sonsierra riojana.

BRIONES

Briones se aproxima al río, utilizándolo en el pasado como elemento defensivo. Sus murallas le confieren una especial disposición urbana y todo el pueblo es Conjunto Histórico Artístico. En sus calles se levantan edificaciones en sillería que se alterna con madera y ladrillo; en el pueblo se muestra orgullosa una de las casas más antiguas de La Rioja. Todo el pueblo merece una detenida visita y la vista desde el emplazamiento del antiguo castillo nos enseña la Sonsierra, bajo las Peñas de Herrera y Peñacerrada.

En la plaza se encuentran varios edificios de interés y en la actualidad son muchos los edificios que corresponden a esa tipología palaciega y destacan en los tejados los aleros con canes labrados.

Dentro del patrimonio local destaca la iglesia parroquial de Santa María, con tres naves que se iniciaron en el siglo XVI. En el siglo XVIII todavía se ampliaba la iglesia y los canteros de las torres gemelas de la iglesia logroñesa de la Redonda trabajaron en aquel lugar. En el interior del templo se guarda un importante tesoro artístico con muestras de todos los estilos, resaltando un Cristo gótico y diversas obras del barroco riojano en sus retablos. Su órgano barroco permite realizar conciertos en ese bello marco.

En el centro del pueblo se levanta la ermita barroca del Santo Cristo de los Remedios, con un trazado octogonal construida en el siglo XVIII, en el emplazamiento de otra construcción anterior. Un recorrido por el pueblo bordeando sus murallas nos ofrece una interesante vista de La Rioja Alta a la vez que explica la importancia defensiva de este lugar que desde época preromana ha estado poblado. La toponimia popular deriva en nombre de Briones de los berones, antiguos pobladores de una gran parte de La Rioja.

El interés defensivo que esta plaza tenía a finales de la Edad Media se manifiesta en las batallas y letigios con el vecino territorio navarro del que hacía frontera el río Ebro que se atravesaba por un buen defendido puente.

El término de Briones ha transformado su actividad agraria desde la puesta en regadío de parte de su superficie gracias a las aguas del Canal de la margen izquierda del río Najerilla. Briones en el pasado dedicaba sus tierras al cereal y a la viña; gran parte de sus edificaciones guardan en su subsuelo las tradicionales bodegas.

En la actualidad los cultivos de regadío dan un aspecto más verde a la jurisdicción y un importante complemento económico. Las fiestas de Briones están relacionadas con las ermitas que existen en el término. Las fiestas de Septiembre se dedican a la Santa Cruz y la imagen del Cristo de los Remedios es el centro devocional y motivo de la procesión y traslado de la talle. En la fiesta tiene un particular protagonismo el Grupo de Danzadores, ocho, dirigidos por un Cachiburrio que suele ser un niño de unos siete años. Fuera del casco urbano se hace la romería a la ermita de la Concepción, situada en una cañada en dirección a Nájera. A ella se acude el lunes de Pascua de Pentecostés y en la fecha de Santa Lucía a la ermita de su advocación.

SAN ASENSIO

Entre el río Ebro y el Najerilla se encuentra el término de San Asensio. La tradición cuenta que este pueblo estuvo instalado el el lugar de Davalillo donde se levanta el Castillo y una ermita que pudo ser en el pasado la parroquia del lugar, aunque la actuales del siglo XVIII. Las fiestas patronales recuerdan la vinculación de este lugar con el actual emplazamiento del pueblo.

El conjunto urbano de San Asensio es característico de La Rioja Alta tanto en la tipología arquitectónica de sus palacios y casonas como en el material, la piedra de sillería arenisca, empleado en su construcción. Los escudos, aleros y herrajes decoran las construcciones que alternan con otras más sencillas que emplean la piedra de sillería en esquineras y dinteles de ventanas y balcones.

En el recorrido por el lugar destaca la plaza con sus arcadas y el templo parroquial construido en sillería. El edificio ecclesial utiliza materiales románicos y se levanta a partir del siglo XV; en la cabecera hay un retablo neoclásico que sustituyó a uno destruido por un incendio. Fuera del lugar se mantienen los restos de un antiguo monasterio que tiene sus orígenes en el siglo XI. El conjunto actual se dedica a centro de enseñanza y guarda restos góticos del antiguo convento.

A unos kilómetros del pueblo en dirección al Ebro y sobre un cerro que domina los meandros se mantiene el Castillo de Davalillo, construido a principios del siglo XIII. A sus pies está la ermita de Santa María de Davalillo, edificio en sillería de una sola nave con capillas adosadas al muro. En la ladera se observan restos de edificios y construcciones, así como una necrópolis medieval, hallándose también restos de cerámica romana.

El pueblo de San Asensio celebra una romería a esa ermita, llevando la talla de la Virgen del Rosario por parte de los cofrades de la Santa Vera Cruz y portando hacia el pueblo a la Virgen de Davalillo, que residirá en la parroquia local hasta el domingo anterior al 15 de Agosto.

La fiesta patronal se celebra el 8 de Septiembre también con romería al lugar de Villarica, cercano al río Najerilla. Es durante estas fiestas de septiembre cuando se pueden observar las danzas de San Asensio, una de las manifestaciones folclóricas más destacables de la comarca. El 25 de Julio se ha impuesto la Batalla del Clarete, batalla campal que utiliza el vino clarete como elemento arrojadizo en esta incruenta batalla.

Este tipo de vino clarete es el característico de este lugar aunque los tintos también han alcanzado una merecida fama. El barrio de las Bodegas se encuentra en la parte alta de la villa, y su visita es recomendable para conocer la importancia de la vitivinicultura en este pueblo.

El camino de La Rioja Alta llega a una línea de extremo verdor al encontrarse con el río Najerilla. Las choperas de este cauce se incrementan en su zona más baja y Torremontalbo es un buen ejemplo de pueblo ribereño.

TORREMONTALBO

Desde el siglo XI hay referencias a este lugar que desde hace siglos ha pertenecido a los Condes de Hervías. Su patrimonio arquitectónico lo componen la torre de planta cuadrada, trazo medieval pero completada en el siglo XVIII. Adosada a la torre se encuentra la iglesia dedicada a Santo Domingo de Silos, patrono del lugar, que celebra su fiesta el 20 de Diciembre. Torremontalbo posee una bella bodega de crianza y su término se dedica al cultivo de la viña.

CENICERO

El último pueblo de este recorrido por La Rioja Alta es Cenicero, lugar próximo al río Ebro. Su pasado se remonta a época preromana habiendo varios yacimientos de esa cultura. En el reinado de Alfonso I, durante la reconquista de La Rioja Alta vuelve a aparecer esta localidad. Como otros de la comarca ha servido de frontera en los enfrentamientos con los vecinos navarros situados antaño al otro lado del Ebro.

Cenicero alcanzó la condición de villa en 1636, pero es en el siglo XVIII el momento de mayor apogeo en la localidad coincidiendo con la construcción del puente de Torremontalbo sobre el río Najerilla, que facilitaba la comunicación de La Rioja con las provincias norteñas. La actividad vitivinícola, su localización geográfica y sus comunicaciones, que se incrementan con el ferrocarril le ha permitido un importante desarrollo económico. Cenicero extiende su caserío a lo largo de un antiguo camino. Sus casas de sillería, algunas con escudo, nos anuncian una tradición arquitectónica que se prolonga aguas arriba del río Ebro. En su zona antigua se observan ventanas de tradición gótica reaprovechadas y en su subsuelo se han excavado las bodegas. Las casonas de tres plantas a cuatro aguas son abundantes.

Su iglesia parroquial está dedicada a San Martín y construida, como los edificios más nobles del lugar, en piedra de sillería. Este templo sufrió un fuerte incendio con ocasión de las guerras carlistas. En 1834 el General Zumalacárregui asedió la villa y quemó su templo destruyendo varios retablos y otras obras de arte. En la actualidad el templo parroquial ha sido restaurado y guarda un retablo moderno en hormigón.

La ermita de la Virgen del Valle se encuentra dentro del casco urbano sobre el barranco. Es un edificio que antaño se encontraba fuera de la muralla y su parte más antigua corresponde al siglo XVI. Es de sillería de una sola nave con la portada a los pies y una espadaña para tres campanas, la mayor parte concluida en el siglo XVIII, así como los retablos. La talle de la Virgen del Valle es de finales del siglo XIII y es la principal joya del patrimonio local.

Dos puentes construidos en el siglo XIX facilitaron las comunicaciones de este lugar, uno sobre el barranco y otro sobre el río Najerilla erigido éste por la Real Sociedad de La Rioja Castellana. Además para cruzar ese río se levantó también un puente de hierro en 1862 donde, desgraciadamente se produjo un grave accidente de ferrocarril en 1903.

Dentro del casco urbano de la población se levantan varias esculturas, siendo la más característica la copia de la Estatua de la Libertad, de Nueva York, que recuerda a los defensores de la ciudad durante el ataque de las guerras carliustas en 1834.

Otras esculturas actuales se han dedicado a diversos motivos agrícolas como a la vendimia o al tractor. A la salida del pueblo se mantiene un Crucero que es obra renacentista del siglo XVI.

Dentro del calendario festivo de Cenicero se puede destacar la Guerra de los Judas, que se celebra el Domingo de Resurrección, dando por finalizada la época cuaresmal.

La patrona es la Virgen del Valle y se celebra en torno al 8 de Septiembre. Además de los actos festivos se desarrolla una Muestra Vinícola.

En la temporada de vendimias, Cenicero adquiere un ambiente muy particular por la incesante actividad del pueblo en esos días. Labradores, cosecheros, Cooperativa y Bodegas de Crianza se esmeran en la recogida de la uva, fruto del trabajo anual. En el pueblo son varias las Bodegas famosas que elaboran los ricos caldos de Rioja.

Cenicero aprovecha dos cauces fluviales y en sus orillas surgen sotos de gran interés faunístico con abundantes choperas. Paralelo al río Ebro sigue un camino que alterna entre huertas y arboledas.

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