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Briñas

Conocer La Rioja. Valle del Alto Ebro; La Sonsierra

 

La Sonsierra riojana es sólo una parte de la región natural que perteneció al primitivo Reino de Navarra con ese nombre, que aludía a su situación bajo la Sierra de Cantabria y suponía la frontera más al sur del Reino de Castilla. La comarca riojana está constituida por los municipios de Briñas, Ábalos y San Vicente de la Sonsierra. Estos tres pueblos constituyen la única parte de La Rioja Alta en la margen izquierda del río Ebro, con excepción de una pequeña porción de la jurisdicción de Haro, próxima a Briñas y cuyas tierras de labor pertenecen en buena parte a los viticultores de esta última localidad.

La zona se encuentra situada en la falda sur de la Sierra de Toloño, descendiendo desde dichos montes hasta el Ebro, lo que deja una franja conformada por elevaciones suaves, de suelos calizos abundantes en areniscas, ideales para el cultivo de la vid, terrenos a los que acompaña una climatología suave de inviernos no muy rigurosos, cuya temperatura media en el mes más frío ronda los 5º c, primaveras casi siempre respetuosas con la brotación de las viñas y para terminar el proceso de veranos y otoños moderadamente cálidos y secos que dan el punto de maduración de la uva, lo que hace que se puedan producir en la zona unos vinos tan característicos como exquisitos.

Dos son las actividades económicas primordiales de la comarca: el sector vinícola, propiciado por las características antes citadas y el sector servicios, dedicado éste principalmente al turismo, ambas con una oferta de altísima calidad.

La viticultura es la actividad que tradicionalmente ha soportado la economía de la zona y hoy día sigue siendo el sector más importante, aunque con considerables cambios.

El agricultor viene respondiendo a las nuevas exigencias del mercado y está reconvirtiendo sus estructuras hasta convertirse el elaborador y comercializador de su producto. Podemos encontrar que en los últimos años se ha producido un aumento considerable en la oferta de vinos de la zona que ha venido a incrementar los de Bodegas ya existentes con una tradición y prestigio ganado a lo largo de muchos años de buen hacer.

BRIÑAS:

En su Diccionario Geográfico Histórico de La Rioja, Ángel Casimiro Gobantes habla del origen romano de Briñas. Tras pertenecer posteriormente al antiguo Reino de Navarra, se convirtió en aldea dependiente de Haro y no será hasta el siglo XVII cuando se constituya un núcleo independiente. Originariamente el pueblo estaba situado en una colina próxima al pueblo, que a partir del siglo XVI se asienta en torno a su actual emplazamiento.

Se encuentra en Briñas una densidad de casas palaciegas superior a la de cualquier otro lugar de la región, haciéndola merecedora de ser declarada Conjunto Histórico Artístico. Sobre su antigua plaza de la Constitución se alza su iglesia parroquial de la Asunción, impresionante edificio de sillería comenzado a construir a finales del siglo XVI y cuyas obras concluyeron en 1670. Conserva un hermoso retablo del siglo XVII de Hernando de Murillas y Bernardo de Valderrama. En la zona de la plaza se conserva una fuente encajada en un muro, con abovedamiento de cañón y que algunos investigadores suponen del siglo XII. No podemos pasar sin hacer mención el Humilladero, pequeña construcción de sillería junto a la carretera y que alberga un Cristo del siglo XVII. Muy cerca de él hay también un Crucero fechado en 1569 que puede verse elevado sobre las chimeneas de los calaos o cuevas tan características de esta zona vinícola. En su término encontramos un puente sobre el Ebro de origen medieval. A Briñas se le ha llamado con toda la razón villa bodeguera, Puerta y Balcón de La Rioja.

De Briñas parte un sendero de pequeño recorrido, el PR-LR 52, que nos conduce hasta San Vicente de la Sonsierra en un cómodo paseo a orillas siempre del Ebro. El sendero, al igual que el resto de los existentes en la zona, se encuentra perfectamente señalizado.

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SAN VICENTE DE LA SONSIERRA:

San Vicente de la Sonsierra se formó por agregación de varias aldeas medievales, muchas de ellas destruidas en las guerras fronterizas. Hoy conserva bajo su jurisdicción municipal los lugares de Rivas de Tereso que en época estival multiplica se población y Peciña, durante el invierno deshabitado y que poco a poco se va recuperando. Su construcción es eminentemente defensiva, con un castillo en su parte superior que guardaba en su interior una pequeña parroquia, hoy ermita de San Juan, que conserva un bello arco ojival y que es la sede la Cofradía de la Vera Cruz de los Disciplinantes.

Concluidas las luchas entre Castilla y Navarra, en el patio de armas se construyó la iglesia de estilo gótico tardío que hoy es parroquia de la villa. Su torre de caras asimétricas para defenderse del viento es hoy el punto más alto de la villa y conforma su perfil más característico.

“La vista desde la iglesia de San Vicente de la Sonsierra en el emplazamiento del antiguo castillo es una de las más bellas de La Rioja. La posibilidad de contemplar desde las cumbres de la Sierra de Cantabria hasta las de la Sierra de la Demanda es uno de los atractivos más importantes de este pueblo.”

Descendiendo del castillo hacia la plaza encontramos un entramado de calles y casonas con fachadas de sillares, blasones de piedra, fiel reflejo de su propia historia. Más allá de la plaza vamos encontrando ermitas que no hace mucho tiempo se encontraban extramuros de la villa. La primera con que nos topamos es la de San Roque, de camino a la de Los Remedios. Esta, de esbelta factura exterior, guarda en un pórtico que le fue añadido la imagen románica que presidió la ermita de Santa María de la Piscina. No son estas las únicas ermitas. En la jurisdicción de San Vicente se hallan otras, algunas de ellas como la de San Pelayo, de las que sólo queda de ellas el nombre, de otras en ruinas como la de Santa María de la Peña o la ermita gótica de Orzales, junto a Rivas de Tereso, que fue destruida durante las guerras carlistas. Otras, como la románica de San Martín conservan todo su encanto gracias a restauraciones recientes.

A su abundante patrimonio artístico, San Vicente de la Sonsierra añade su puente de origen medieval. Parte de éste fue destruido por una crecida en el año 1775 y restaurado posteriormente en 1871. La localidad ha conservado buena parte de sus tradiciones. Los Picaos nos muestran una tradición religiosa desaparecida en el resto de Europa. Pero además ha sabido guardar sus danzas que son elemento imprescindible en fiestas como las de San Isidro o la Virgen de Los Remedios.

San Vicente de la Sonsierra nos brinda también la posibilidad de practicar el senderismo. De aquí parten los senderos de pequeño recorrido PR-LR 50 que se dirige a Ábalos y Peciña, el LR 53 que nos encamina a Rivas de Tereso, además del LR 52. Su recorrido suave entre parajes poblados de viñas nos permite conocer algunos de los emplazamientos de sepulturas que nos recuerdan los antiguos poblamientos medievales de la zona, como la necrópolis de San Pablo o el conjunto de San Andrés.

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RIBAS DE TERESO:

Ribas de Tereso es una aldea de San Vicente de la Sonsierra dividida en dos barrios. En su casco se encuentran dos iglesias, la de San Miguel del siglo XII y la iglesia de la Concepción en muy mal estado de conservación. Ribas de Tereso se está recuperando del abandono gracias a un cierto desarrollo turístico. Es lugar ideal para iniciar excursiones a la Sierra de Toloño por alguno de los muchos caminos existentes o aprovechando la infraestructura del Pequeño Recorrido – LR 51.

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PECIÑA:

Peciña es la otra aldea de San Vicente de la Sonsierra que se conserva. Su emplazamiento parece haber estado en el pasado en las proximidades de la iglesia de Santa María de la Piscina, de donde procede su nombre. Destaca en su bello casco la iglesia de San Martín. El conjunto de Santa María de la Piscina constituye uno de los tesoros artísticos de la comarca. La ermita fue edificada en 1136 y constituye una de las mejores muestras del románico de una sola nave en La Rioja. Es mandada construir por D. Ramiro Sánchez en recuerdo a su participación en la Primera Cruzada, en la que tomó parte entrando por la puerta de la Piscina Probática. Conserva al pie de su pórtico una necrópolis medieval de tumbas excavadas en la roca.

Próximo al lugar de Santa María de la Piscina se puede contemplar el Dolmen de la Cascaja, descubierto y excavado en 1953. Consta de una cámara a la que se accede mediante un pequeño corredor de aproximadamente dos metros de longitud. En su interior se encontraron restos de 31 sujetos además de diferentes piezas de pedernal, cerámica y bronce.

Por toda la comarca de la Sonsierra encontramos unas curiosas construcciones que forman parte inseparable del paisaje local. Son los chozos o guardaviñas, edificios dedicados a los vigilantes de las viñas o a dar cobijo a los vendimiadores. Existen de diferentes tipologías aunque los más llamativos son, sin duda, los que nos muestran su cúpula cónica levantándose sobre las viñas.

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ÁBALOS:

La actual villa de Ábalos se constituyó en Ayuntamiento independiente de San Vicente de la Sonsierra en 1726. En esta villa nació Martín Fernández Navarrete, director de la Academia de Historia y amigo personal de Jovellanos y Floridablanca, y aquí, en la iglesia parroquial, se hallan sus restos mortales. Esta interesantísima construcción religiosa se levantó en el siglo XVI, con portada estilo Reyes Católicos de muy dura factura, cuenta con una sola nave muy estilizada y con coro alto. Su retablo mayor de gran valor data también del siglo XVI y fue realizado por Beaugrant.

Esta localidad cuenta además con varias ermitas en su jurisdicción, entre las que destaca la de San Felices, románica de una sola nave, recientemente restaurada. La fundación del Santuario de la Virgen de la Rosa está relacionada con una bonita leyenda. Un pastor mudo que cuidaba un rebaño encontró una rosa entre la nieve. Cuando volvió al pueblo recobró la voz para poder contar el milagro, acudiendo los vecinos al lugar. Al excavar entre la nieve encontraron la imagen de la virgen que se encontraba escondida en una pequeña cavidad para protegerla de los moros, levantándose en ese punto el templo del que hoy podemos contemplar las ruinas.

Palacetes y casonas hidalgas, como el palacio del Marqués de Legarda del siglo XVIII, y bodegas centenarias configuran el casco urbano de una de las villas más importantes de La Rioja Alta. Sus calles adornadas con escudos nobiliarios son testimonio de su pasada grandeza. Así como en San Vicente de la Sonsierra encontramos diseminados por el término enterramientos excavados en la roca, que se pueden datar entre los siglos X al XII, así como los lagares para el pisado de la uva también talladas en la roca, son testimonio del poblamiento histórico de toda la zona, así como de la tradición del cultivo de la vid y la elaboración del vino.

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